Qué está ocurriendo en Extremadura
Extremadura cultiva alrededor de 20.700 hectáreas de tomate de industria y aporta cerca de tres cuartas partes de la cosecha nacional española. Esta campaña, las temperaturas altas sostenidas y la baja humedad han desencadenado un brote masivo del ácaro del bronceado del tomate, conocido en la zona como Vasates. El ácaro es microscópico, se alimenta de las células de la planta y la seca antes de que el fruto alcance su madurez óptima.
Las consecuencias ya se ven en el campo:
- Pérdidas de rendimiento previstas de hasta el 30 % en la superficie afectada, con cooperativas de las zonas más castigadas, como Vegas del Guadiana, que anticipan pérdidas reales del 25–30 %.
- Una reducción de al menos el 10 % de la producción regional esperada según estimaciones prudentes, con los datos de fábrica todavía por cerrar.
- Recolección adelantada forzosa: en las parcelas con infestación grave los agricultores han tenido que recolectar entre 10 y 15 días antes del ciclo natural porque la planta se secó primero.
- Las plantaciones tempranas se libraron en buena medida; el daño se lo han llevado las de media campaña y de campaña tardía, cuando el pico de presión de la plaga coincidió con el calor del verano.
Todo esto se suma a una campaña que los productores extremeños ya calificaban de difícil. Las olas de calor continuadas desde mayo provocaron aborto floral y pérdida de producción, y la asociación de agricultores de Villanueva de La Serena ha advertido públicamente de que los rendimientos podrían acabar entre los más bajos de la historia del cultivo, frente a un precio de contrato de 107 € por tonelada acordado en febrero, cuando nada de esto se conocía.
La raíz regulatoria: prohibido en España, autorizado en Italia y Portugal
El clima creó las condiciones, pero el sector tiene claro que la gravedad procede de un cambio normativo. Hasta ahora los agricultores controlaban el ácaro con una única aplicación de Movento, un insecticida a base de espirotetramat. Ese producto está prohibido y el Ministerio de Agricultura español se ha negado a reautorizar la sustancia activa.
Los efectos colaterales van más allá del propio ácaro. Según el responsable de Agronomía de CONESA, la prohibición también ha «favorecido el resurgimiento de plagas que antes estaban bien controladas y tenían muy poca incidencia en el cultivo, como el pulgón verde y la mosca blanca».
La asociación sectorial AGRUCON ha sido tajante sobre la situación competitiva que ello genera, al calificar de «enormemente decepcionante y difícil de entender que la administración española no haya autorizado el uso del único producto que permite un control eficaz de los ácaros en tomate, mientras que los principales países competidores de la UE, como Italia y Portugal, sí lo han autorizado».
La cara de los costes: tres tratamientos en lugar de uno
Sustituir un pase eficaz por varios que no lo son ha dado la vuelta al presupuesto de protección del cultivo. La comparación con la que conviven los agricultores:
| Programa | Aplicaciones | Coste por hectárea | Resultado |
|---|---|---|---|
| Movento (anteriormente) | 1 pase | 70–80 € en total | Control eficaz con una sola aplicación |
| Alternativas autorizadas | Al menos 3 tratamientos | 100–170 € cada uno | Baja eficacia, persistencia muy limitada |
| Espolvoreo de azufre | Varios pases | 30 € por pase | Solo complementario |
En palabras de CONESA, los productores están realizando «muchos más tratamientos con productos de baja eficacia y persistencia muy limitada, lo que además supone un coste económico muy elevado». Un agricultor que la campaña pasada gastaba 70–80 € por hectárea puede estar gastando ahora varias veces esa cifra y aun así perder una cuarta parte de la cosecha.
Qué supone para el balance europeo de concentrado
La previsión nacional española ya se había revisado a la baja hasta un máximo de 2,6 millones de toneladas, y el sector reconoce abiertamente que podría cerrar por debajo. El brote de ácaro explica buena parte del porqué. De ahí se derivan dos consecuencias para los compradores:
El déficit se concentra en la cosecha de media campaña y tardía, justo la fruta que cubre el tramo final de un contrato. Un programa que en febrero parecía holgadamente cubierto se está sirviendo ahora de una cosecha que puede entregar un 10 % menos a escala regional. Merece la pena una conversación temprana con su proveedor español antes que una sorpresa tardía: la mayoría de los transformadores lo están gestionando con transparencia y explicarán su situación a quien pregunte en septiembre y no en diciembre.
La presión de costes recae sobre los agricultores, no sobre el mercado. La materia prima mundial acumula tres años de descenso y, aun así, los productores extremeños están absorbiendo unos costes de protección del cultivo multiplicados frente a un contrato de 107 € por tonelada firmado antes del brote. Esa combinación no es sostenible para quienes están al pie del cultivo, y es el tipo de tensión que tiende a aflorar en la negociación de contratos de la campaña siguiente más que en la de esta.
La brecha regulatoria es lo que conviene seguir. Italia y Portugal mantienen autorizada la sustancia activa. Si la posición española no cambia, esto deja de ser un episodio de una sola campaña y se convierte en un coste recurrente para los agricultores de uno de los mayores orígenes de Europa cada vez que llegue un verano cálido y seco. Una solución en Madrid pesaría más sobre la cosecha de 2027 que cualquier cosa que haga la meteorología.
La posición de Egipto
La campaña egipcia de 2026 tiene sus propias tensiones: la superficie de verano baja en torno a un 5–7 % porque los agricultores han respondido al encarecimiento de la fertilización, la protección del cultivo y la energía, y el grado Brix medio ronda 4,9, en línea con el conjunto del Mediterráneo. Las cifras revisadas de superficie y volumen estaban previstas para los primeros días de septiembre.
La cosecha egipcia no se enfrenta a este problema concreto: no hay brote de Vasates, no hay recolección adelantada forzosa y los productos de control siguen disponibles. La reducción egipcia es una respuesta planificada de los agricultores a los costes de los insumos, conocida antes de que arrancara la campaña, y no una pérdida en plena temporada. Es una diferencia en el tipo de riesgo, no una afirmación de que un cultivo esté mejor llevado que otro: a los agricultores extremeños les han retirado una herramienta a mitad de ciclo, y eso no lo compensa del todo ninguna agronomía por buena que sea.
La utilidad práctica para los compradores está en el doble aprovisionamiento. Egipto cosecha en invierno y en verano, cubriendo la ventana en que las fábricas del hemisferio norte están paradas, y las salidas marítimas por el Mediterráneo hacia puertos europeos, británicos y norteamericanos mantienen plazos comparables. Homologar un segundo origen es un proceso lento que conviene iniciar con el mercado tranquilo, y eso vale como principio general de aprovisionamiento, en cualquier campaña y con los orígenes que sean.
🍅 Conclusión clave para los compradores de productos de tomate
Extremadura afronta pérdidas de rendimiento de hasta el 30 % en las zonas más castigadas por una plaga frente a la que ya no dispone de una herramienta eficaz: un desenlace regulatorio que sus agricultores no eligieron. Si su programa de concentrado, passata o salsa se apoya en oferta española, hable pronto con su transformador sobre la cobertura con esta cosecha. Y sean cuales sean sus orígenes, esta campaña recuerda que una segunda fuente homologada conviene tenerla lista antes de necesitarla.
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